A través del espejo
Through the Mirror
Carlos-Blas Galindo
San Luis Potosí, S. L. P.
Soy autor del texto incluido en el tríptico que se editó con
motivo de la primera exposición individual que realizó Angélica Carrasco. La artista
presentó aquella exposición, en 1993, en la galería José María Velasco,
dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Y eligió con gran tino dónde comenzar a
exponer individualmente, puesto que pese a que para esos años exhibir en la
querida galería Velasco no era ya considerado como requisito indispensable, ni
menos único, para ingresar a la esfera institucional-gubernamental de la
distribución de la cultura artística en el D.F. y en
el resto del país, exponer en esa galería continuaba siendo una especie de ritual
iniciático para los artistas de la plástica, los visuales y los conceptuales (aura
que a la fecha se conserva para “la
Velasco” e incluso le ha sido incrementada). Como entonces lo escribí, Carrasco
se encontraba en
un momento definitorio de su carrera, en el que hubo de optar entre dedicarse
de lleno a la gráfica, por una parte, o bien cultivar de manera simultánea el
dibujo, la pintura y la gráfica, por la otra.
En los 18 años que han transcurrido desde que conocí a la autora y
a su obra, ambas han experimentado cambios fundamentales. No me refiero solo a
los “normales” que derivan de la acumulación de experiencias y del aprendizaje
a partir de lo que se ha experimentado. Me refiero a la absoluta consolidación
de la trayectoria y del lenguaje individual de Angélica Carrasco, que es
evidente en A través del espejo.
Optó por dedicarse del todo a la gráfica, lo cual la ha llevado a una pronta
fase de madurez estilística, ámbito en el que, además, ha innovado y continúa
innovando en el aspecto estilístico –como artista verdadera que es–, así como
en el técnico. Si lo primero es obligación de toda persona que se dedique
profesionalmente a la producción artística, por lo segundo Carrasco tiene ya un
sitial asegurado en la historia del arte tanto en México como fuera de nuestro
país (recuérdese que es integrante de la Sociedad de Grabadores de California,
en los Estados Unidos, y que como tal participa con regularidad en exposiciones
en aquel país y en naciones europeas).
Entre las invitaciones que he recibido de esta artista y que desde
luego he aceptado gustoso y honrado, destaca la que en 1999 me hizo para ser
uno de los sinodales en su exámen profesional en la Escuela Nacional de
Pintura, Escultura y Grabado del INBA. Acepté, dado que Carrasco es una artista
a quien le importan su formación y su constante actualización académicas. No
podría ser de otra manera, si además de su labor como artista –que incluye la
difusión de su obra y el cultivo de nuevos públicos– ella se dedica, por
vocación y de manera muy exitosa, a la labor docente. Escribo estas líneas
durante una estancia de una semana en la ciudad de San Luis Potosí, adonde Angélica
Carrasco llegará en unos cuantos días más para comenzar la impartición del
diplomado “Análisis gráfico para la producción”, diseñado por ella y en el que
transmitirá a los estudiantes partes fundamentales de su credo artístico y
profesional. El interés que esta serie de sesiones ha despertado es tal que el
cupo previsto fue rebasado con creces. He tenido que interceder ante mis amigos
en el Instituto Potosino de Bellas Artes –institución que alberga el diplomado–
para solicitarles, a pedido de un grupo de críticos en ciernes, que admitan más
inscripciones (sin que el hacerlo vaya en detrimento del proceso
enseñanza-aprendizaje), lo cual han aceptado gustosos de inmediato, al igual
que la profesora.
Tal y como lo anticipé hace 18 años, Carrasco ha consolidado su
lenguaje individual. Y lo ha hecho por la vía de la innovación cotidiana. Es,
ni más ni menos, que una de las muy pocas personas que a nivel mundial
mantienen con vigencia al neo-expresionismo abstracto. Y en plenitud de originalidad.
Su léxico se caracteriza por el empleo de amplios trazos, de diversos grosores
y saturaciones, trazos de un fuerte dinamismo; chorreados y salpicaduras que
evidencian la agilidad que existió en su aplicación; calidades y efectos que
van desde el vigor rayano en la violencia hasta la más enternecedora
delicadeza; una gama de grises que ella consigue que le resulte inagotable,
negros profundos –matizados hacia los fríos– y el inteligente uso del blanco
del papel, en zonas específicas, más allá de su función de soporte. Las suyas
son obras que propician ser observadas tanto de lejos, como a una distancia
media, al igual que muy de cerca, para de esta manera apreciar las soluciones
generales, de suyo rítmicas; la interacción de los elementos formales que las
conforman, así como los múltiples y diversos detalles, abundantes en sutilezas.
Su neo-expresionismo abstracto o abstracción neo-expresionista es
un léxico que está del todo alejado de la semi-abstracción; es decir, de lo
abstrayente o semi-figurativo. Empero, y a pesar de su rigor estilístico,
Carrasco gusta de suscitar, entre ciertos sectores de los públicos, la
sensación de “descubrir” o “creer ver” elementos figurativos en sus estampas. Y
esto lo refuerza con los títulos que da a sus series. Tales son los casos de Alcantarillas, correspondiente
a 1987 y Diálogos de
claro a oscuro, de 1992. Y, ya en este siglo, Apuntes, Paisajes
y De las cenizas al viento,
las tres de 2009, así como La Samotracia y sus sueños y Amo
aquellos párpados que cubren tu alma, ambas de 2010. Sabedora que la expresividad
acentuada es garantía de atención por parte de los públicos –tanto de los
especializados como de los que no lo son–, pero asimismo porque la fuerza
expresiva es inherente a su léxico, con la penetrante elocuencia con que dota a
sus estampas, Carrasco capta de inmediato la atención de los destinatarios de
sus obras y, además, la mantiene durante extensos lapsos de tiempo.
He publicado comentarios acerca de dos de las numerosas
exposiciones de Angélica Carrasco. Y desde luego que lo he hecho en mi
periódico: El Financiero. En
1997, en ocasión de la individual Caras vemos, consanguíneos
no sabemos que mostró en el Salón de la Plástica
Mexicana. Y en 2003, en referencia a la exposición Itinerario
gráfico que montó en la galería de la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público. Ambas, en el D.F. Hace 14 años apuntaba que la obra de esta artista contenía
elementos estéticos que estremecían, conmovían e incluso intimidaban. Encuentro
que las obras que ahora exhibe suscitan, en las sensibilidades de los públicos,
reacciones de atracción, impacto, impresión, sorpresa y asombro, básicamente,
si bien con muchas de sus estampas causa conmoción. Hace 14 años afirmé que
esta artista basaba la expresividad de sus obras en recursos como la
dramaticidad, la ironía o lo terrorífico. Me parece que en la producción que
exhibe en A través del espejo continúan
presentes lo dramático y lo irónico, aun cuando esta segunda categoría esté algo
atenuada. Y que, en cambio, ahora tienen preponderancia lo placentero, lo
novedoso y lo lúdico, más una presencia simultánea de fragilidad y rudeza, que
Carrasco combina con extrema habilidad.
Hace 14 años resaltaba lo violento en las obras de Carrasco.
Ahora, como ya lo he mencionado, descubro un vigor que está próximo a la
violencia pero, asimismo, una sutileza que enternece. En 1997 encontraba que la
actitud artística de esta autora, detectable en su producción, era rebelde,
vital y, de igual manera, violenta. Todo parece indicar que, para fortuna suya
–y para la nuestra, en tanto que públicos–, nunca abandonará su rebeldía
artística. Y que, hoy en día, ha incrementado la vitalidad que exudan sus
grabados, en proporción inversa al apaciguamiento de la violencia que ya forma
parte de sus constantes estilísticas. En estos 14 años, la artista ha
incrementado la destreza, la determinación y la audacia a las que entonces me
referí. Es más: ha conseguido que su destreza devenga virtuosismo pleno. En
cuanto a sus aportes técnicos, me reservo su mención a la espera que ella misma
publique el manual o los manuales sobre estos procedimientos. Baste con dejar
constancia que Angélica Carrasco es pionera en nuestro país en el empleo de
procedimientos no tóxicos para el grabado. Y que, en este campo, cuenta con
investigaciones originales que constituyen aportes indiscutibles para la
gráfica, a nivel mundial. Presenciamos pues, en este 2011, en A
través del espejo, la completa consolidación de la trayectoria
y del lenguaje individual de Angélica Carrasco. Con el título de esta
exposición suya, por cierto, la artista alude tanto a Through
the Looking-Glass, and What Alice Found Ther (1871) de Lewis
Carroll, como al que la impresión de todo grabado aparece invertida con
respecto a su matriz, cual si se tratara de una imagen reflejada en un espejo.
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